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Revolución 4 - Y a ti, ¿quién te cuida?

Todos hemos tenido a alguien que nos cuidó cuando no éramos capaces de hacerlo por nosotros mismos. Alguien que  nos alimentaba, que nos daba un hogar, nos lavaba, cuidaba de nosotros si estábamos enfermos, etc.
Cuando llegamos a una cierta edad, cada vez hay menos cosas que necesitemos de los demás. Ya no hay otra persona encargada de cuidar de nosotros, sino que tenemos que hacerlo por nosotros mismos. 
Es importante pensar en cómo nos cuidaron estas personas que lo hicieron, porque será así como cuidaremos a otros y como nos cuidaremos a nosotros mismos. 

Y bien, ¿cuáles son las cosas buenas que hemos aprendido de nuestros padres? Pues aquellas que nos gustan de nosotros mismos. 
En mi caso, he aprendido a ser responsable, bondadosa, generosa, a cuidar de los demás y a querer de manera incondicional. 
Por otro lado, hay algunas cosas que nos gustaría cambiar. 
Yo, de las que he adquirido querría cambiar un cierto miedo que tengo a cosas del mundo que poco a poco voy resolviendo, prejuicios o la necesidad de controlar los detalles de mi vida. No tiene por qué ser malo querer tener control, es lo normal. El problema está en querer controlar tanto que una pequeña locura puede darme cierto miedo. 

Ahora viene la parte más complicada. Buscaremos un sitio tranquilo, un momento relajado y pensaremos sobre cómo nos hubiera gustado que nos cuidaran. 
En mi caso cambiaría pocas cosas, quizás lo único que cambiaría sería un poco más de libertad, que me hubiese hecho más independiente y con menos miedos. 
Pero que tuviese todo ese amor incondicional, esas caricias, esa escucha des del amor y la intención siempre de superar las adversidades o la diversidad de pensamiento. 

Para nuestro propio bienestar, deberemos conectar con esa persona que nos estamos imaginando. Estas cualidades, en realidad, forman parte de nosotros, cada una de ellas. Siempre que lo necesitemos, podemos recurrir a ellas y cuidarnos y darnos el amparo que necesitemos cuando nos sea necesario. 

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Verano

En otra vida, yo fui agua.
Agua de mar, salada y fresca.
Iba y venía entre la arena de la playa.
Saludaba a los bañistas habituales en verano,
y me reía con las bañistas locas del invierno.

Me calentaba con el sol, reflejaba su luz.
Albergaba dentro de mí muchísimos animales bellos,
libres y brillantes.

Mis tonos eran siempre azules, pero no eran iguales nunca.
Ni dos días seguidos, ni siquiera dos momentos seguidos.

A veces subía la marea, otras no.

Me sentía atraída por la luna, por sus cráteres y su luz blanca.

Jugaba con la arena, la mecía entre mis manos.
Cogía las rocas más grandes y la transformaba en arena fina y blanca, o negra, o roja.
Me encantaba dejarla toda llena de mi espuma blanca y salada, como yo.

Me gustaba ayudar a curar rápido las heridas. Aunque a veces escocía.

Me enamoré del viento, y me movía siempre a su ritmo.

Creo que nunca he dejado de ser agua.

Ojalá llegue pronto el verano.


Paraules d'amor

Me gusta el amor.
Me encanta.

Últimamente estoy escuchando muchas canciones románticas y fijándome en la letra.
Y me estoy dando cuenta de que lo que nos gusta del amor es sentirlo.

Nos da igual la otra persona, o prácticamente. Las canciones de amor no tratan de la otra persona. Tratan del que ama.

"Yo te amo con la fuerza de los mares, YO..."
Ésta es la más evidente, ya que todos la cantamos hasta con el énfasis en el "yo".

Pero absolutamente todas.

"Oh, my love, my darling
I've hungered for your touch, a long lonely time".
 Aquí al menos dice "your touch".

Esta idea me gusta y me disgusta al mismo tiempo. En parte, no me gusta que seamos tan egoístas. ¿Hasta cuando nos enamoramos vamos a pensar en nosotros?

Pero, por otro lado, creo que es bonito. El hecho de que pienses en cómo tú te sientes por el amor de esa persona hace que te quieras a ti mismo, aunque sólo sea un poquito.

Mis niñas fuertes

Qué fuertes son.
Qué fuertes.

Esas personas que cada día se despiertan y abrazan a la vida con los dos brazos.
Aunque la vida se revuelva, y tiemble, e incluso quiera salir corriendo.

Ellas, que no se rinden nunca. Que los viven a tope. Todos los momentos.
Me encanta esa energía, la sensación de que ese momento es único.
Porque sólo estás ahí, y lo que pasa es único.

Mis niñas con pasión, mis niñas bonitas.
Que me sacan una sonrisa con sus halagos,

Que al ser felices conmigo, hacen que yo también sea feliz conmigo.

Que se enamoran, y se desenamoran, pero sobre todo quieren.
Quieren muchísimo.

Yo quiero aprender a querer así, quiero aprender de vosotras.

Quiero haceros fotos naturales y que estéis preciosas aunque os gusten más posando.
No podéis ser más bonitas que cuando sois vosotras mismas.

Daniela, Joss, os quiero y cada día que no os veo os echo de menos.